En esta nueva etapa de la pandemia, la mayoría estamos intentando retomar nuestras rutinas o conseguir las metas que habían quedado truncas con la aparición de la covid. Como impresión general, pareciera que estamos en un tiempo de “reacomodamiento personal”. Con el detonante del Día Mundial de la Salud (se conmemora hoy), vale preguntarnos  cómo vivenciamos ahora el cuidado de la salud y la paulatina vuelta a los consultorios.

“En el primer periodo de la pandemia, hospitales y sanatorios pasaron a ser lugares a evitar. También vimos la reducción de las consultas a atenciones específicas y necesarias. Sin embargo, desde entonces hasta ahora, las enfermedades crónicas nunca se detuvieron y muchas medidas de autocuidado fueron en picada”, introduce el médico generalista Gregorio Sarich.

Acorde con su experiencia, él afirma que a los tucumanos nos cuesta adoptar el hábito del chequeo médico. “Lo usual es que los pacientes acudan al consultorio cuando ya la enfermedad se manifiesta clínicamente. En este sentido, nos falta tomar conciencia sobre la importancia de los estudios de tamizaje. Las medidas de prevención y atención precoz resultan fundamentales para evitar muchísimos padecimientos (como el cáncer de colon  y útero); o al menos reducir su morbilidad y mortalidad”, explica. En ese sentido -a nivel social- tenemos por delante un gran desafío: entender que la salud va más allá que la ausencia de patologías.

“Necesitamos un cambio de perspectiva para darles a las acciones preventivas el valor adecuado. La salud ha sido históricamente entendida como la mera falta de enfermedad. Lo que vivimos en la pandemia, debe servir para revertir esto por completo. Tenemos que empezar a entender la salud como un derecho y valor que se construye a diario”, explica la clínica Claudia Nores.

En el NOA, los especialistas puntualizan la propensión de la población a ser diagnosticada con afecciones de tiroides (en especial, hipotiroidismo) y sobrepeso. En dermatología, sigue primando la tendencia a la rosácea y dermatitis de contacto por el uso de sanitizantes o contacto directo con compuestos volátiles. Para alcanzar un bienestar integral, la futura barrera a trabajar es la misma cultura y las ideas falsamente concebidas.

“Hay enfermedades que de antemano cargan con un significante negativo o aparecen rodeadas de mucha vergüenza, temor y negación”, detalla Sarich. Esto pasa con las disfunciones sexuales, ETS, algunos cuadros urológicos o ginecológicos y el diagnóstico de cáncer. “Las campañas de movilización y difusión tienen un largo camino por delante para que la población desaprenda los patrones que se les enseñaron y pierdan la timidez. Una consulta médica gestionada a tiempo implica sembrar pequeñas semillas para una mejor transición a la vejez y longevidad”, agrega Nores.

Anualmente, para la fecha, la Organización Mundial de la Salud propone un tema de reflexión. En esta ocasión, el foco fue puesto en cómo el deterioro ambiental y el calentamiento global afectan a la salud pública.

Según estadísticas de la propia entidad, en los últimos cinco años se duplicó la carga de morbilidad por diversas enfermedades relacionadas a la contaminación atmosférica. “Hay muchísimas afecciones no transmisibles que surgen o empeoran con el contacto continuo con ciertas toxinas, desechos o compuestos producidos por la contaminación. Tenemos los problemas cardíacos, los accidentes cerebrovasculares e infecciones respiratorias”, expresa la bióloga Marisa Arancibia.

Sobre estas últimas, la OMS advierte que por año mueren casi siete millones de personas debido a la mala calidad del aire. “Al comparar épocas anteriores, los registros muestran que cada día aparecen más pacientes con respuestas inflamatorias, trastornos respiratorios o enfermedades pulmonares obstructivas”, agrega la docente.

Entre los culpables de tal situación se destacan los elevados niveles de C02, carbono negro (generado por la quema de basura o motores diésel) y metano (afines a las prácticas agropecuarias, aguas residuales y producción de gas/petróleo) con los cuales convivimos.

“Uno piensa que panoramas tan críticos ocurren, por ejemplo, en China; pero Tucumán maneja (en menor escala) los mismos conflictos que plantea la Organización Mundial de la Salud”, enfatiza. Al respecto, Arancibia cita los casos de gastroenteritis y enfermedades diarreicas por ingerir agua en mal estado o no potable. Además de los efectos de la zafra.

“Durante ese periodo la prevalencia de síntomas respiratorios y oculares (con  conjuntivitis y rinitis alérgicas) representan una realidad sobre la cual todavía el Estado no trabaja en profundidad. En la provincia falta bastante para que se concreten políticas de salud pública ambiental”, lamenta.